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MADRE PIEDAD DE LA CRUZ

Tomasa Ortiz Real

En 1890 fundó la Congregación de las Hermanas Salesianas del Sagrado Corazón de Jesús.

En religión Madre Piedad de la Cruz, nació en Bocairente (Valencia)

el 12 de noviembre de 1842, siendo bautizada al día siguiente.

Falleció, según ella predijo, el sábado 26 de febrero de 1916, en la Casa-Madre de la Congregación.

Desde su niñez fue modelo de virtudes cristianas. Enamorada del Corazón de Jesús, nos dejó el ejemplo de una vida austera, vivida en oración, en las mayores privaciones y en abnegada caridad. De joven y más tarde como Fundadora, opta por ayudar a niños, jóvenes, ancianos y enfermos pobres y desvalidos, haciéndose pobre y disponible con ellos y para ellos en los lugares más pobres, herencia que ha recogido la Congregación por ella fundada.

 

Madre Piedad destacó por el amor evangélico que siempre profesó a los más pobres y desgraciados y, entre sus principios pedagógicos, concedió suma importancia al amor con el que se deben hacer todas las cosas. Una de sus biógrafas escribe «… las niñas huérfanas eran sus predilectas; siempre tuvo en su compañía a alguna, y en estos corazones sin amor maternal, destilaba ella todos los aromas de su inmensa caridad, vistiéndolas, alimentándolas, educándolas y enseñándolas a amar a Dios».

 

De su preocupación por las jóvenes obreras «. a quienes no sólo les enseñaba a leer; escribir, matemáticas. el catecismo y el amor al trabajo, sino que tenía las puertas abiertas para las que quisieran llegar e, incluso, iba a buscarlas a las fábricas».

 

Es de gran actualidad el concepto que sobre la misión tuvo nuestra Fundadora. Y una de las primeras Salesianas como lo escuchó de Madre Piedad, nos lo ha transmitido: «Yo envió a mis Hijas a enseñar el Padre nuestro al que no lo sabe, a dar la mano al caído, a tener caridad con todo el mundo, a dar buen ejemplo.

 

En consecuencia, a la Sierva de Dios Piedad de la Cruz no se le hacía difícil enseñar lo que ella misma vivía.

Leer a Madre Piedad es alcanzar lo Sobrenatural

Su sencillez deja abierto el camino a la santidad.

No podemos empeñamos en intentar extraer de Madre Piedad de la Cruz algo que no podamos ver, sólo podremos alcanzar lo que se muestra en ella, sólo esa gran habilidad en saber levantar un gran edificio con pequeños materiales. Introducirse en el bosque humilde de una vida sin relieve en apariencia y salir engalanada con las flores silvestres más cautivas.

Sus flores ingenuas, con aroma de sencillez no marean, porque lo que es «sólo para Dios», es sólo para el amor y la entrega.

 

Cuando leemos sobre Madre Piedad nos parece alcanzar algo sobrenatural. No es posible el bostezo, ni el cansancio, ni las incomprensiones de un principio; hoy diríamos que ella estaba rodada bajo los focos de Dios, no necesitaba otros. Cuando camina deprisa, cuando no aguanta improvisaciones, es porque no quiere vivir de imposiciones superficiales, de impresiones rápidas; ella se da cuenta de que hay un hilo invisible que le une a esa luz divina, de una manera tranquila, tranquilísima… Su sencillez deja abierto el camino a la santidad.

 

Cuando nos fijamos en Madre Piedad, sólo la vemos bajo la decisión de unos labios firmes y unos ojos tenazmente puestos en la meta señalada. Empuje y vigor, inteligencia realista e intuitiva, con una gran capacidad de amor y una enérgica potencia para el sacrificio. Si eso es lo que percibimos en sus Hijas… ¿qué no sería ella? Muchos pensarán: » .la obra de esta mujer se disolverá bien pronto, como la sal en el agua». Pero no, la obra sigue adelante.

 

Posiblemente pasemos por alto los primeros tiempos; oye frases duras, el apremio con los acreedores o quizá hasta el mendigar para conseguir recursos, pero parece que Dios sabe a quién y para qué elegir. Hoy podemos decir que puede brillar sin peligro de que apague su luz cualquier ráfaga del mundo, otra luz más intensa brilla sin peligro: es la voluntad de quien la encendió, es la voluntad de Madre Piedad, hecha para Dios. No pudieron con ella algunas de las primeras compañeras, infieles a lo que Dios quiso de ellas. Un poso de amargura y desilusión llevó para siempre en el alma.

 

Pero hoy podemos decir que brilla con luz intensa. Inalterable, equilibrada y siempre dispuesta a transmitir, comunicar la idea de Dios desde el recato, la soledad, la penitencia, la humildad.

 

La fidelidad a su vida, a sus compromisos es hoy un modelo para muchos de nosotros, que en medio de este mundo material, necesitamos algo que nos acerque a Dios, algo tangible que nos ayude a orar en la soledad y a compartir en la paz y en la alegría.

 

Las Salesianas del Sgdo. Corazón de Jesús, humildes como su fundadora, en camino de perfección entre los peligros del mundo, dan muestras día a día entre los jóvenes que intentan educar, que ellas siguen ese camino de madurez y ecuanimidad, de escucha y comprensión.

 

La niña Tomasa, nos enseñó algo que no podemos olvidar:

«Señor; para ser santa nací, a ello me estás invitando a cada instante.

Ayúdame a responderte con la alegría, con la fe, con la entrega..

Madre Piedad, tus Hijas y nosotros estamos en ello… humildemente.

 

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